Testigo de los cambios de Ñuñoa hace más de 40 años

Pasten atendiendo su quiosco ubicado en Irarrázaval, esquina Jorge Washington.

Por José Ignacio Gutiérrez

Ordena diarios, revistas, vende golosinas y orienta a personas que preguntan qué micro les sirve para llegar a sus destinos, todo al mismo tiempo. Cristian Pasten (40) es un conocer como pocos del barrio Plaza Ñuñoa. Está allí prácticamente desde que nació. Heredero del oficio de su padre, quiosquero en la misma esquina desde 1945, Pasten es sin duda uno de los personajes más típicos y característicos de Ñuñoa. Dice conocer la plaza mejor que nadie y basta conversar con él unos minutos para corroborar aquella afirmación.

 

—¿Hace cuántos años trabaja en Plaza Ñuñoa?

En realidad creo que no hay ningún árbol al que no me haya subido, ni ninguna palmeta que no haya pisado en esta plaza. Me crié acá porque el quiosco era de mi papá desde cuando él tenía 18 años. Vivo cerca y por lo mismo estudié alrededor de esta plaza. Llevo 40 años atendiendo el local.

 

—¿Cuáles son los cambios más significativos que ha visto durante los 40 años? ¿Los considera positivos o negativos?

Cuando pasó de ser una plaza de arcilla a una de baldosas. Luego Irarrázaval pasó de ser una calle a una avenida. Se le dio más espacio a las veredas, se cambiaron algunas piletas y se mantuvieron árboles antiguos.

Lo que no me gusta es el plano regulador de la comuna. Los edificios están prácticamente tapando la vista de la montaña. Pasamos de una plaza, a estructuras de cemento. Es una de las críticas que tengo del lugar, más si se tiene en cuenta que antes, alrededor de Plaza Ñuñoa sólo había casas de greda.

—Por parte de la autoridad municipal existe la idea de remodelar la plaza, lo que incluye la demolición de la pérgola de la plaza. ¿Qué le parece?

Cristian Pasten en Plaza Ñuñoa. 1972

—La pérgola significa mucho para la gente adulta de esta comuna. Ahí ha habido reuniones importantes de la ciudadanía, se han discutido temas de interés público y hasta se celebra navidad. Es como decir derrumbemos el Estadio Nacional y saquemos El Pilucho de Ñuñoa, estamos hablando de eso. Sea como sea, el estadio fue representativo por el Mundial del 62 y un montón de otras cosas. Eso mismo pasa con la pérgola, que en realidad se llama Orfeón de Ñuñoa. Ahí todos los domingos tocaba una bandita igual que la de la Plaza de Armas. Ahí se realizaron una infinidad de campeonatos de ajedrez. Es por eso que es un punto sensible.

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