“El centro me ha dado todo”

Su vida no ha sido fácil, ha pasado por tantas experiencias que a su corta edad ya siente que ha vivido de todo. Gana siete a ocho mil pesos al día vendiendo café, no tiene seguro, pensión, y lo persiguen los carabineros haciendo el único trabajo que no le ha mirado los antecedentes. Todo en el centro de Santiago, su segundo hogar

Desde una apurada y apretada multitud intenta hacerse camino, un carrito ancho, de esos para vender gas, con dos flameantes banderas chilenas en sus puntas. Gritando, con una voz algo gastada, y pedaleos veloces se aproxima  Eduardo Silva, el cafetero del centro de Santiago. Que con café, té o sopa, y un toque de espontaneidad  logra conquistar a cualquiera en su recorrido. Saluda, conversa, hasta aconseja a sus consumidores más bajoneados. Es que si de temas de violencia, delincuencia, drogas, o rehabilitación se trata, Eduardo tiene experiencia.

Su papá nunca les dio nada, era alcohólico, por eso un cajón de palta fue su colchón cuando nació. Llegó hasta primero básico, porque se escapaba. Desde muy pequeño trabajo en distintas cosas. A los nueve lo detuvieron por primer vez, a los once decidió irse de su casa aburrido de los maltratos. A los 18 cayó por primera vez preso por robo, “donde vine a meter la cabeza” fue lo primero que pensó. Para lograr una salida todos los domingos tuvo que aprender a leer, escribir, y multiplicar, estuvo 15 años.

En los tiempos de libertad, el centro siempre fue su hogar, su dormitorio. Lo ha visto transformarse, crecer, dice que las personas están más aceleradas, que no le gusta que no haya tanta naturaleza como antes. Ve todos los días como cambia cuando es de noche, algo muy distinto a lo que se ve en el día. Pero le gusta trabajar ahí porque es el movimiento de Santiago. Hace siete años que vende café, se levanta a las dos de la mañana, sale a las cinco. Se denomina el S.O.S, el único rescatista, porque anda por todo el centro vendiendo en la madrugada, cuando ningún otro local está abierto.

Se siente arrepentido por todo el daño que hizo, pero ahora puede decir que trabaja para ganarse sus cosas, que sabe lo que cuesta. En muchas ocasiones le han quitado su carrito, dejándolo sin nada, ahora sabe lo que siente. “Todo en la vida se paga. Gracias a Dios estamos trabajando aquí y a seguir adelante”, dice Eduardo.

¿Cómo te vino la idea de hacer esto?
Caminando pase por Teatino, y de repente decía FOSIS, y pase por si de repente me iba bien, y me fue bien. Son programas que te enseñan a como ser microempresario, me inscribí y al tiempo después me llamaron, hice el curso, y ahí me salió mi triciclo. Yo iba a hacer otra cosa, iba a vender gas. Pero yo sé vender café, no gas. Me compré 3 termos y así empecé de a poco a tirar para arriba, con esfuerzo. Y gente que me decía que no servía para nada, me criticaba, pero cuando me empezaron a ver con el triciclo, me empezaron a felicitar. Y hay gente envidiosa, ¿de dónde sacaste el triciclo, te lo robaste? No les decía, no me lo he robado, me lo dio el FOSIS.

¿Cómo fue al principio?
Yo no tenía intenciones de trabajar porque me daba vergüenza, cuando era más joven me creía un hombre orgulloso, que no le interesaba nada del comercio. Porque en esos tiempos hacía otras cosas y como lo veía más fácil no veía que esto era legal, era ilegal lo que hacía, pero ganaba, pero a la vez lo que hago ahora es ilegal pero es algo limpio, que no perjudica a la sociedad, sino que le das un servicio.

¿Te gustaría hacer algo más estable?
Me gusta el comercio, me ayuda harto, pero cuando te quitan tus cosas quedas depresivo, desanimado. Si no tienes las herramientas y no tienes platas, te encuentras amarrado. La sociedad le debería dar la oportunidad a la gente que realmente quiere cambiar, necesito que la sociedad me abra las puertas para poder salir de esto y tener un trabajo digno. Voy a cumplir 46 años, y no tengo jubilación, seguro de vida, pensión, no tengo nada. Por eso yo entiendo que muchos cabros salgan de la cárcel a delinquir de nuevo, porque salen sin apoyo, sin oportunidad de trabajo. Sales a buscar pega y muestras tus papeles, te dicen te llamaremos.

Ahora por ejemplo tengo una orden de arresto, que me llegó hace poco, tengo que ir cumplir una condena, pero no sé de cuánto es y eso se viene en serio, me perdería por harto tiempo.

Y ¿por qué es la orden?
Por el comercio de vender café.

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