Nelly Tapia: Hablar de Ñuñoa es contar parte de su vida

Por José Ignacio Gutiérrez

Hoy camina pausado por Ñuñoa porque ya nada le apura. Lejos del estrés en que están inmersos la mayoría de los capitalinos, la señora Nelly Tapia Blo (64) parece vivir una de las mejores épocas de su vida. Nació en Valdivia el siglo pasado pero se siente ñuñoína por adopción. Acá ha pasado casi 50 años de su vida, acá se casó, trabajó, tuvo a su hija y nacieron sus nietos. Sus penas y alegrías las ha pasado desde 1970 en la casa N°3 de Irarrázaval 274.

-¿Cuáles son sus orígenes?

“Abandoné mi ciudad natal, cuando aún era niña, para completar la educación secundaria. A fines de los 60 estudié farmacia en el Laboratorio Chile y luego comencé a trabajar en la botica de don Samuel Kirberg, ubicada en Av. Irarrázaval esquina General Bustamante. Él era abuelo materno del ministro Rodrigo Hinzpeter. ¡Era un excelente jefe, muy buena persona!”.

-¿Cuáles son las cosas que considera han cambiado en el trascurso de ese tiempo?

“Definitivamente hay cosas que no están funcionando bien en Chile. Trabajé en los tiempos en que una era una verdadera vendedora de farmacia. Había que saberse las alternativas, saber atender a una persona que no había ido a médico. Ahora no, ahora les interesan sólo las recetas caras porque ganan comisión. En esos tiempos eso no existía. Esa no es la gracia porque pobres y ricos necesitamos mejorarnos”.

-¿Algún suceso importante que recuerde de esa época?

“En lo personal, al poco tiempo de trabajo, conocí a mi esposo Juan Muñoz, que era funcionario de la Tesorería General de la República, 16 años mayor que yo. Nos casamos en 1967. Tuvimos una sola hija y ahora tengo dos nietos, uno está en el colegio y el otro en la universidad”

-¿De qué manera se relaciona con la comuna de Ñuñoa?

“Siempre he sido muy preocupada por las cosas que respectan a la comuna. Tengo una opinión clara respecto de la administración municipal, me guío por la gestión de cada persona y no por un partido político. Por ejemplo a Sabat lo catalogo como un excelente alcalde. Es sencillo, trabajador y está siempre al lado de las personas más desvalidas y la gente de la tercera edad”.

-¿Usted como integrante de ese grupo etario realiza alguna actividad?

“Aunque  estoy jubilada prefiere mantenerse activa diariamente. Durante  cuatro años fui presidenta del grupo del adulto mayor Los ángeles de Ñuñoa. También ahora soy masajista, este año, gracias a una capacitación municipal, aprendí técnicas de masajes de relajación y de reflexología. Me va bien en eso, cobro 10 mil pesos la visita a domicilio por una hora”.

-¿Qué la motiva a levantarse todos los días con ganas de hacer algo?

“No quiero quedarme en mi casa sin hacer nada, me gusta que mi teléfono suene varias veces en el día con gente que me busca para una u otra cosa. Tengo un motivo grande para mantenerme siempre ocupada: me ha costado superar la muerte de mi marido. Tener que comer sola y enfrentar la vida sola se me hace difícil después de 45 años juntos. Él era mayor que yo, teníamos una diferencia de 16 años que nunca se notó. Después de que él jubiló se dedicó a hacer arreglos en la casa, era muy activo. Murió digno, no acabado como otras personas. Lo recuerdo buen mozo como cuando lo conocí, como un gran hombre y un excelente compañero. Le echo mucho de menos”.

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